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Ryder
Cup 2004
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Sergio
García venció a Phil Mickelson, se fue invicto de
Detroit y sale revalorizado como gran líder del equipo
europeo de la Ryder Cup. El golfista castellonense fue el
héroe en el triunfo sobre Estados Unidos.
En octubre de 1998, en el Golf de Medoc, entre los viñedos
de Burdeos, Sergio García, entonces un crío, se fijó en
una pantalla gigante que emitía las mejores imágenes de
la Ryder Cup de Valderrama en 1997. Ahí estaba todo el
equipo de Seve besuqueando al italiano Rocca, Olazábal
sin camiseta y el chico, casi sin quererlo, suspiró: “¡Ufff!
La Ryder. Algún día yo estaré allí”. Seis años
después, la competición que engrandeció a Ballesteros e
impulsó a José María Olazábal, ha encontrado otro
icono en las filas europeas. Tres participaciones ya, y sólo
24 años, 11 puntos ganados sobre 15 posibles y el mejor
porcentaje de éxitos de la historia en su bando (70 por
ciento), superando el récord que tenía precisamente
Severiano (65).
Sus números siempre fueron interesantes en el
enfrentamiento. En su debut, en Brooklyn (Boston), en
1999, a los pocos días del golpe de detrás del árbol en
Medinah, Sergio, inmerso en la pelea con el tiempo se
convirtió en el jugador más joven en disputar la
contienda con 19 años, 8 meses y 15 días. Allí, con
Jesper Parnevik -el jugador que tuvo como niñera a la
novia de Woods-, conformó un tándem explosivo. Su debut
no fue nimio. Fue contra Tiger Woods y Tom Lehman, a los
que ganaron 2 y 1, las primeras víctimas de una lista
que, por parejas, se ha ido agrandando conforme pasaban
‘fourball’ y ‘foursome’: Furyk y Mickelson,
Leonard y el malogrado Stewart, Duval y Love… Tres
victorias y un empate.
Tres años después, cuando la Ryder cambió a años pares
por la tragedia del 11 de septiembre, Sergio se encontró
a otro chico a su lado. Era Lee Westwood, sumido en una
crisis de juego terrible que, a su lado volvió a sentirse
un ganador. Tres partidos ganados y uno perdido, “que
regalamos”, recuerda su padre y entrenador Víctor,
refiriéndose a la derrota ante Tiger y Love cuando a
falta de dos hoyos lideraban el choque. Ahora, Westwood ha
vuelto a repetir a su lado en los ‘fourball’ (una
victoria y un empate) y Sergio ha introducido a Luke
Donald, el trémulo inglés, con el que ha tenido una
relación casi protectora. Cuando el viernes era un manojo
de nervios, llegaba la mano del español por encima del
hombro y el “tranquilo y a por ellos”.
“Mejor que Seve y Olazábal”
“Eso es lo que le hace más grande que Seve y Olazábal,
incluso. El hecho de que puede jugar con cualquiera se
llame Tom, Dick o Hans”, apunta Johnny Miller, ganador
del US Open y el Open Británico.
Ayer, por fin, cerró la última cuenta pendiente que tenía
con el gran torneo: los individuales. Tras perder con
Furyk (1999) y Toms (2002) le ganó el pulso a Mickelson,
el jugador del que ha heredado el apodo de ‘mejor
jugador del mundo sin un grande’. Un sambenito que
pretende quitarse cuanto antes.
Gerardo
Riquelme
Marca.com
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Agradecimientos
a los colaboradores: Jakot
& Juanejo
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