Víctor
García puso por primera vez un palo de golf en manos de
su hijo Sergio cuando tenía tres años, ha sido su
maestro, le ha aconsejado y acompañado, y ha hecho de
caddy en múltiples ocasiones siendo amateur (la última
en el Masters de Augusta 99), aunque ninguna desde que
es profesional. Hoy cambiaron los papeles, y por primera
vez el hijo fue caddy del padre.
El partido estaba compuesto por Emilio Rodríguez, que
llevaba de caddy a Mar García, también hija de Víctor;
el francés Jean Pierre Sallat, futbolista profesional
durante 12 años (estuvo en el Limoges, Le Havre, Amiens
y Burdeos), que descubrió el golf a los 27 y con 31 se
hizo profesional de este deporte; y Víctor García, alma
e impulsor del OKI Castellón Open de España Senior, con
su hijo de caddy.
La jornada comenzó dando algunas bolas en el campo de
prácticas, un ratito en el putting-green y al tee del
uno, los saludos de rigor y deseos de suerte. Sergio se
puso el peto, metió fruta y agua en la bolsa, sacó el
cuadernillo de medidas y distancias, y listo para
trabajar.
El campeón, que ha logrado veinte títulos por todo el
mundo (seis en Estados Unidos, seis en Europa, uno en
Corea, dos en Sudáfrica y cinco formando equipo
incluyendo tres Ryder Cup), fue animando y aconsejando a
su padre durante todo el recorrido, -tranquilo, papá,
bien colocado a la bola y a darle-. En los greenes leía
las caídas, -tira por aquí, un pelín a la derecha- y la
bola entraba, -así, bien tirado, bravo, papá-.
En el hoyo tres le aconsejó, -papá, coge el driver que
no llegas al bunker-. Víctor se fue al rough a la
izquierda y Sergio, cuaderno de medidas en mano, dio
unas cuantas zancadas por el centro de la calle, -tienes
147 metros a bandera, pon la bola un poquito más al pie
izquierdo y pégale sin miedo-. La bola cayó justo antes
de la zanja, desde ahí pegó un magnífico wedge y
¡dentro!
En el cuatro, el padre tenía un putt muy largo y
consultó con su hijo, -¿tiro un poco a la izquierda?-, a
lo que Sergio respondió -no, tírala recta y no tengas
miedo a pasarte, venga-; Víctor le hizo caso y ¡dentro
desde 14 metros!
Hoyo cinco, Víctor se fue a la izquierda de salida, el
caddy se alejó y sacó el cuaderno de distancias, -papá,
ponte a la bola para que yo coja referencias, 120 más
otros 20, tienes 140 metros a bandera. ¿Qué tienes en la
mano, un hierro ocho? Lo tienes que coger un poquito más
corto. Venga, perfecto, ¡muy buena, papá!-.

En la salida del hoyo seis, Emilio Rodríguez, que fue
animando el partido todo el tiempo con sus gritos y
chascarrillos, le pidió fruta a Mar García, su caddy,
-dame un platanillo, que Dios te lo va a pagar con un
buen hombre-. Carcajada general, y Emilio continuó como
es habitual en él hablándole a la bola, -vamos, María,
métete en el saco, tiki-taka-. A veces le obedecía y
entraba y otras no, y entonces el malagueño -afincado en
Villamartín- se acordaba de toda la parentela de la
bola.
En el hoyo siete la bola de Víctor quedó en una posición
complicada debajo de un pino, y desde ahí sólo podía
echarla a calle; la golpeó y enseguida su hijo le animó,
-tranquilo, papá, ya le has pegado y no puedes hacer
nada más, olvídate y vamos a centrarnos en el siguiente
golpe-.
En el tee del nueve, Emilio le contó a Sergio que Jean
Pierre fue futbolista profesional, y a éste que el
castellonense es presidente del Borriol C F y gran
entusiasta del deporte rey. A partir de ahí comenzó un
diálogo sobre fútbol, que continuó durante toda la
comida. En el green del hoyo nueve, -papá, un poquito
por la izquierda, sin miedo, tírala sin miedo-, y otro
putt largo que embocó Víctor.
El partido terminó con 67 golpes, menos 5, de Emilio
Rodríguez; 73, más 1, de Jean Pierre Sallat; y 74, más
2, de Víctor García.
Emilio Rodríguez: -Estoy muy contento, feliz, ha sido un
partido estupendo, no he jugado tan a gusto en mi vida.
Ver a Sergio ayudándole y aconsejando a su padre y cómo
ha estado pendiente de todo, ha sido formidable. Es una
gran persona y a mí me lo ha demostrado en muchísimas
ocasiones-.
Fuente: Mª Acacia López-Bachiller
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